headerdiplomadociudad

Inicio

La ciudad surgió como un espacio destinado para la convivencia cívica entre sus habitantes, como un núcleo de formación de ciudadanos, como destino para el intercambio de bienes y servicios, como escenario para el ejercicio de la política, así como guarida  contra las agresiones de la naturaleza y de las poblaciones adversas. En dicho sentido, la ciudad simboliza un espacio para la seguridad humana.

No obstante, en las ciudades contemporáneas de América y de Europa la demanda de seguridad es actualmente uno de los principales reclamos de la ciudadanía. Ciertamente, los medios con demasiada frecuencia tienden a exagerar la inseguridad de nuestras ciudades (“The City is the Hell” tituló hace unos años The Economist) pero el malestar y  la inquietud que manifiesta una parte importante de los habitantes de las ciudades también es un hecho que debe tomarse en cuenta.

Aun cuando muchos de los factores generadores de inseguridad no dependen o no son producto de la vida urbana, de la convivencia entre los habitantes, de la forma de la ciudad o de sus actividades y funciones –por ejemplo, el crimen organizado es hoy más global que local, como ocurre con el narcotráfico-, factores más generales como la desigualdad social, la desocupación, la exclusión, la incertidumbre frente a la idea de futuro, entre otros, contribuyen a generar una sensación de inseguridad que se encuentra presente en la cotidianeidad de la vida urbana.

Sin embargo, no podemos obviar los datos objetivos que indican la inseguridad como un hecho ni la cuota de responsabilidad atribuible a las ciudades, a sus déficits urbanos y a la gestión y administración de las mismas. Los actuales procesos de urbanización son en muchos casos generadores de desigualdades y exclusiones, los déficits de las políticas públicas (en cuanto a vivienda, transportes, espacios públicos, empleo) producen tensiones que a su vez generan o reproducen violencia, y el mal funcionamiento de las instituciones encargadas de impartir justicia y brindar seguridad, ya sea por defecto, omisión o por mal uso de sus competencias, agrava la inseguridad.

La solución fácil sería preconizar la creación de políticas públicas con enfoque represivo basadas en la vigilancia, la cero tolerancia y la mano dura. Pero aun cuando la vigilancia y la sanción son indispensables, resultan  insuficientes y además pueden dar lugar a excesos que afecten al conjunto de la ciudadanía sin que mejore su seguridad objetiva. Es un error considerar posible una seguridad absoluta para todos en cualquiera de las dimensiones, pero es necesario crear los mecanismos óptimos para hacerla valer y garantizarla a todos los habitantes de la ciudad.

Las políticas urbanas pueden crear las condiciones básicas para garantizar la seguridad de los ciudadanos. Por lo tanto, en el presente diplomado se analizarán los procesos urbanos tanto integradores como excluyentes, las buenas prácticas que han derivado en formas de convivencia pacífica, de integración social y de calidad de vida; así como las experiencias negativas que representan la creación de barrios cerrados y ghetos sociales, la multiplicación de la violencia y la generación de zonas criminógenas. Las políticas urbanas también pueden contribuir a la prevención de conflictos, violencias y delitos por su proximidad a la ciudadanía,  así como a promover el desarrollo integral de los habitantes y reducir los factores que producen o facilitan los comportamientos insecurizantes.

Para que ello sea posible, es necesario analizar los diversos conflictos que enfrentan los habitantes de las ciudades; las  condiciones en las que habitan los colectivos más afectados, ya sean víctimas o victimarios; la realidad cotidiana dentro de las zonas criminógenas; la prestación de servicios públicos como el transporte, seguridad vial, vivienda, alimentación, empleo. Es preciso conocer los datos objetivos y contrastarlos con la percepción de inseguridad subjetiva; además de intercambiar experiencias internacionales y su evaluación mediante indicadores de los resultados obtenidos.

Estas políticas no competen únicamente a los gobiernos locales o regionales, sino que implican los distintos órdenes de gobierno en todos sus niveles, así como a los poderes ejecutivo, legislativo y judicial. Pero también requiere de una activa participación ciudadana, tanto en la elaboración de las políticas públicas como en su aplicación, especialmente en lo que se refiere a las políticas preventivas.

La seguridad ciudadana es un camino que ninguna institución o grupo social pueden recorrer solos. La Universidad, por responsabilidad cívica y por su producción de conocimientos debe formar parte de ese camino, he ahí la razón de ser de nuestras instituciones y el porqué de la importancia del presente diplomado, el cual será impartido de manera virtual por la Universitat Oberta de Catalunya y de manera presencial por parte del Programa Universitario de Estudios sobre la Ciudad de la Universidad Nacional Autónoma de México.