Crisis hídrica en las ciudades: ¿cómo afrontar el futuro?

  • El principal reto del agua en las ciudades está en una adecuada y equitativa gestión del recurso
  • Se requiere un cambio de paradigma en la gestión del agua, en equilibrio armónico con el medio ambiente
  • El Estado debe garantizar el derecho de los pueblos y comunidades de tener agua y los movimientos sociales tienen un papel fundamental en la exigencia de ese derecho

El tema del agua es el más sensible al cambio climático, con efectos adversos principalmente en las ciudades. El sur global será el más afectado y se debe poner énfasis en cómo se gestionan los recursos para hacer menos vulnerables a las urbes ante este panorama, precisó la Dra. Patricia Ávila, del Instituto de Investigaciones en Ecosistemas y Sustentabilidad (IIES) de la UNAM.

En México no existe una política clara a nivel urbano ambiental que esté enfrentando las adversidades asociadas al cambio climático, específicamente la problemática hídrica. Se actúa en lo coyuntural y por emergencia, pero no hay una visión a largo plazo que fortalezca las capacidades locales, explicó la investigadora.

En el tema del agua en las metrópolis hay que abordar el aspecto global de las tendencias, además del cambio climático, los procesos de urbanización que estimulan la concentración de población.

Hay argumentos ideológicos que se centran en la escases de agua en las ciudades, pero más que escases tenemos una desigual distribución del vital líquido y formas inadecuadas de gestión. Se están acabando con las bases naturales que dan soporte de vida para privilegiar la urbanización. A nivel de gestión del territorio, las ciudades siguen siendo un factor de presión y deterioro en cambios de uso de suelo y destrucción de ecosistemas.

No es que la ciudad tenga sed y que por ello sea necesario traer agua de otros lados, sino que el sector inmobiliario sigue expandiéndose para mercantilizar las ciudades y va a territorios más lejanos donde los costos recaen sobre los gobiernos locales. Asimismo, la gran desigualdad en la distribución del vital líquido genera conflictos socioambientales y, por ende, problemas de gobernabilidad, apuntó.

Para la Dra. Ávila el reto es “que el Estado, quien tiene que velar por los bienes comunes, y el bienestar colectivo, garantice los derechos de los pueblos y comunidades a tener agua”. En este contexto, los movimientos sociales tienen un papel muy importante para exigir al Estado esos derechos.

América Latina está dando importantes luchas contra la privatización y la contaminación de este recurso en diversos territorios, así como sus comunidades por reivindicar la demanda del derecho humano al agua. “Hay que imaginar futuros sostenibles, donde se respeten los derechos colectivos y naturales, en una sociedad más equitativa”, concluyó.  

La Dra. Carolina Rojas, del Instituto de Estudios Urbanos y Territoriales (IEUT) de la Pontificia Universidad Católica de Chile, expuso que, el último estallido social causado por la escasez del agua en Chile, desencadenó un proceso constituyente para definir lo que son los bienes naturales comunes bajo el lema “no es sequía, es saqueo”, y con ello se demostró que no es por el cambio climático, sino por su mala gestión.

“Nuestro trabajo debería ser poner énfasis en las personas y que la crisis no afecte a todos por igual. Nuestras disciplinas deberían ser el puente entre las visiones y proponer soluciones en armonía con la naturaleza, vivir aquí sin seguir destruyendo: un cambio de paradigma mundial”, puntualizó Rojas.

Se debe planear la ciudad a futuro, no solo resolver los problemas actuales; generar los cambios legislativos, normativos, de ordenamientos y de planeación a largo plazo.

Para el Dr. Alejandro de Cross, de la Universidad de Bath, el gran reto es repensar cómo se gestiona y controla el territorio. “Debemos pensar en la especificidad histórica y geográfica de las ciudades, pero también globalmente y encontrar los puntos en común”, comentó.

El cambio climático y la escasez se utilizan para despolitizar, sin embargo “es una cuestión eminentemente política, es un peligro real. No porque no exista, sino porque desplazamos las soluciones pensando que no hay nada que hacer”, lamentó.

Cross puntualizó en la urgencia de pensar en la tecnología como la herramienta para construir espacios distintos, sin acentuar las desigualdades. “Imaginar la transición no es exclusiva de la reflexión, es materializable, pensar en cómo habitar las ciudades”.

Este debate se dio en el foro “Agua y Ciudades del Futuro: desafíos y soluciones”, en el marco del Coloquio Agua para una Ciudad Sostenible organizado por el Programa Universitario de Estudios sobre la Ciudad (PUEC) de la Universidad Nacional Autónoma de México.

 

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