Lecciones de la pandemia: el caso de la distribución de alimentos

• El Dr. Javier Delgado, del PUEC, durante la conferencia virtual La Ciudad y la Pandemia, habló de la necesidad de descentralizar la Central de Abasto y apoyar la agricultura periurbana, fomentando la justicia espacial.

El Programa Universitario de Estudios sobre la Ciudad (PUEC) de la UNAM organizó el ciclo de conferencias virtuales #PuecEnCasa La Ciudad y la Pandemia, para reflexionar sobre algunos de los problemas urbanos que enfrentamos ante la emergencia sanitaria ocasionada por la pandemia de la COVID-19 a nivel global.

El Dr. Javier Delgado Campos, director del PUEC y también investigador del Instituto de Geografía de la máxima casa de estudios, habló el 15 de abril de la distribución de alimentos en Ciudad de México y de cómo es que estos productos llegan a los mercados, tiendas de conveniencia, abarrotes, supermercados y tianguis para que los podamos adquirir.

Subrayó que la Central de Abasto, ubicada en la alcaldía de Iztapalapa, es el sistema de distribución más importante de la ciudad por el volumen que maneja; destacó también por su importancia a los Mercados de La Merced y, en la zona metropolitana, a la Central de Abasto de Ecatepec.

La Central de Abasto concentra productos procedentes de toda la República Mexicana: frutos, flores, cárnicos, especies menores, productos hortícolas, entre otros. Además, recibe productos alimentarios de 15 países a partir de una política de importación que debilita la soberanía alimentaria.

“Una vez que llegan a la Central de Abasto, tienen que volver a redistribuirse. Los desconcentramos de la Central a 329 mercados, 1 300 tianguis sobre ruedas en toda la ciudad y alrededor de 200 establecimientos que distribuyen alimentos. Para que esta actividad funcione se involucran cerca de 120 mil personas considerando a los consumidores que van directamente a la Central a comprar. Para esta operación se requieren unos 90 mil trabajadores, esto nos da una idea de la dimensión”.

Se estima que son utilizados diariamente alrededor de 120 mil automóviles para estas operaciones. Si bien, una buena parte de los compradores son de la zona oriente, también provienen de otras zonas de la metrópoli. Es decir, se trata de un sistema que funciona de manera concentrada lo que lo hace vulnerable, ya que cualquier falla perjudica en cascada todo lo demás. Este movimiento de vehículos, personas y de distribución también afecta a toda la ciudad.

En estos momentos de contingencia sanitaria por la pandemia, donde la indicación es no salir de casa para evitar la propagación del virus, la manera en la que adquirimos los alimentos ha tomado relevancia. Hacer las compras se ha vuelto particularmente complicado para los adultos mayores, personas con dificultades de movilidad, madres y padres con niños pequeños, personas con discapacidad. También se dificulta el abastecimiento de alimentos en las periferias, donde no hay buenos servicios públicos y el transporte es ineficiente.

Para reducir los riesgos del funcionamiento de la distribución de alimentos en la urbe, una vez que termine la Jornada Nacional de Sana Distancia y se regrese a las actividades cotidianas, el Dr. Delgado propuso rediseñar ese sistema altamente concentrado; detener los vehículos de carga de gran capacidad antes de entrar a la ciudad e incluso afuera de la zona metropolitana, y de ahí, distribuir a varios subcentros (de 5 a 8) que estarían más cerca del área local donde serían consumidos; el número de subcentros lo determinaría un estudio profundo.

Las ventajas de descentralizar la Central de Abasto es que disminuiría el número de viajes, reduciría las distancias que recorren los vehículos y, en consecuencia, las emisiones de gases de efecto invernadero.

Igualmente, resaltó que otras acciones que pueden ponerse en práctica para mejorar la distribución de alimentos son el aprovechamiento de la producción de la agricultura periurbana. Sus principales beneficios son que contempla ciclos cortos agroalimentarios, es decir, el productor es quien lleva los alimentos al punto de venta, lo que disminuye su costo. Al mantener las zonas productivas en las zonas periurbanas se beneficia a los servicios ambientales que prestan estas áreas de la ciudad.

Aseveró que desde hace varias décadas la periferia ya no es rural, sino son espacios multifuncionales cuyas actividades están afectando por su cercanía a las zonas de valor ambiental y áreas protegidas.

“El tema toca otro aspecto poco estudiado: la justicia espacial, que se refiere a que todas las áreas de la ciudad deberíamos tener los mismos derechos y las mismas facilidades y equipamientos, y aún estamos muy lejos de tenerla. El haber incluido el Derecho a la Ciudad en la Constitución de la Ciudad de México es un gran avance, pero es insuficiente”.

Finalmente, agregó que garantizar la alimentación es un tema de seguridad alimentaria que nos se puede desdeñar, con la agricultura periurbana ganaríamos la protección de los propios productores, que compiten en desventaja con los grandes productores.

 

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