Una revisión desde la Bioarqueología de las primeras epidemias en México

En el ciclo de conferencias virtuales Crónicas de otras epidemias en México, organizado por el Programa Universitario de Estudios sobre la Ciudad (PUEC) de la UNAM, el Mtro. Ricardo Higelin Ponce de León, del Departamento de Antropología de la Universidad de Indiana, conversó sobre la contribución de la bioarqueología para comprender las primeras epidemias que tuvieron lugar en México después de la conquista.

El investigador precisó que la disciplina de la bioarqueología estudia el tratamiento funerario a partir del proceso del cuerpo esqueletizado para entender el pasado. Recordó que tanto la salud y la enfermedad revelan los grados de adaptación del hombre frente al medio, modos y estilos de vida, cómo son influidos y, a su vez, influyen en la actividad del hombre como ser social.

Con la bioarqueología se puede descubrir si se trata de una epidemia en el pasado cuando se observan entierros múltiples, simultáneos o sucesivos en periodos de tiempo cortos; entierros que no tienen ofrendas o que incluso usaron espacios públicos para estos. Si además no existen fuentes históricas suficientes para documentarlo, estos entierros en poblaciones desaparecidas hacen inferencias a partir de los descubrimientos desde esta disciplina.

El Mtro. Higelin relató la primera epidemia de América que trajeron los españoles en 1493 de Cádiz a La Española. Al llegar Cristóbal Colón a las islas en 1492, dejó un navío con una tripulación y él regresó a España llevándose algunos objetos consigo y a nativos para demostrar su hallazgo y justificar su siguiente viaje, cuando regresó a la isla el siguiente año, las crónicas señalan que los nativos regresaron a La Española enfermos.

De La Española la epidemia se iría propagando a otros lugares, haciendo un largo recorrido hasta llegar a la Gran Tenochtitlán. En 1493, los infectados por el virus se trasladaron de La Española a Cozumel y volvieron luego a las islas Canarias donde se quedaría un tiempo; para 1518 se extendió el contagio en las islas y posteriormente se trasladó a Cuba; en 1519 llegó a Veracruz y en mayo de ese mismo año a San Juan de Ulúa, pasó por Zempoala para finalmente llegar la enfermedad a la Gran Tenochtitlán en julio de 1519.

Una de las debilidades de la población nativa era la reacción a la nueva enfermedad, aunque las crónicas narran como emplearon remedios que conocían, fueron muriendo en un lapso de tiempo corto. Varias crónicas describen que alrededor del 90 por ciento de la población murió en ese proceso y así los españoles ganaron terreno.

Finalmente, relató el caso de Oaxaca, donde se ha obtenido evidencia arqueológica, bioarqueológica e histórica, en la antigua ciudad de Yucundaa, Teposcolula, que indica que aproximadamente en el año de 1538 ocurrió una epidemia. Existen indicios de una serie de entierros sin ofrenda en un espacio público que aún se debate si fue salmonela u otra enfermedad, pero lo más importante de este hallazgo es cómo el contexto arqueológico y la bioarqueología aportan a las fuentes históricas.

 

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