Dificultades para acercarse a la historia de los pueblos y barrios originarios de Azcapotzalco

Conocer el origen de los pueblos y barrios originarios de la alcaldía de Azcapotzalco no es tarea fácil. Estas entidades geográficas, en sí mismas, hablan del constante devenir histórico y, para entender sus cambios, es necesario recurrir a distintas fuentes, desde códices y mapas virreinales, hasta las crónicas de sus pobladores actuales: Julio Arellano Velázquez, historiador y miembro del Colegio de Cronistas de la Ciudad de México.

Así lo expresó Arellano Velázquez en la ponencia virtual intitulada “Límites y caminos del estudio de los pueblos y barrios de Azcapotzalco”, misma que se presentó el pasado 4 de septiembre de 2020 en el Seminario “Pueblos y barrios originarios de la Ciudad de México” del Programa Universitario de Estudios sobre la Ciudad (PUEC) de la UNAM.

Remarcó que las 111 unidades territoriales actuales de Azcapotzalco se entienden desde distintas perspectivas históricas, por ejemplo, colonias como Claveria o la Unidad Habitacional Cuitláhuac se explican desde la época porfiriana y posrevolucionaria, respectivamente, pero los pueblos y barrios tienen una longevidad más antigua, incluso que la conformación del propio país.

El también cronista señaló que, para comprender la historia de Azcapotzalco, uno de los principales retos a enfrentar son las más de 20 nomenclaturas y grafías distintas que se refieren a esta alcaldía en los catálogos históricos.

Oficialmente cuenta con dos pueblos originarios: Azcapotzalco Centro y San Juan Tlihuaca, los demás son considerados barrios. Julio Arellano se enfocó en las vicisitudes para conocer la historia de los barrios, pues los pueblos eran cabeceras políticas o administrativas en las épocas precolonial y virreinal, por consiguiente se tiene más información de los mismos y menos de los barrios.

Aunque un barrio haya nacido de una decisión administrativa de las autoridades locales o por un desarrollo inmobiliario, la comunidad misma de los barrios de Azcapotzalco se autodefinen como pueblos, puesto que cuentan con un sentido de pertenencia hacia su territorio, historia e identidad.

Entre los materiales de apoyo para el desarrollo de su trabajo, mencionó tres pilares: nombres en náhuatl y glifos; realizar un análisis de los inmuebles virreinales para conocer el momento económico y social al momento de su construcción; y por último, el estudio de los documentos de conflictos y explotación de la tierra.

También, añadió que conocer el contexto de la creación de los documentos es clave para desprender de la historia los intereses de grupos minoritarios. Tal es el caso de los mapas elaborados por la iglesia católica, el trabajo de Alzate (1767), cuyo objetivo era establecer las distancias entre los curatos, sin embargo, dejan un vacío de información sobre la división política y económica de los territorios.

El ponente finalizó recalcando la importancia de divulgar las investigaciones históricas sobre los barrios y pueblos originarios de Ciudad de México, ya que permite a sus habitantes la integración de este conocimiento a su cultura.

 

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